Destrucción creativa para el modelo de desarrollo costarricense

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En Costa Rica, no podemos continuar con el nadadito de perro‘, ‘pateando la pelota hacia adelante‘ y ‘desatascando la carreta. Ya mucho se ha hablado acerca de que el modelo de desarrollo costarricense ha sido insuficiente y se está agotandoEs claro que la estrategia de mejoras graduales no sirvió para responder a las demandas de los ticos y de los mercados internacionales.

Durante los últimos 25 años, los principales intentos por  reformar el Estado costarricense han fracasado y existen dudas importantes acerca de la posibilidad de lograr los consensos requeridos para completarla.

Como las dificultades de reformar el Estado, como un todo, son enormes, vale la pena considerar con seriedad la posibilidad de innovaciones en arreglos institucionales para permitir que actores locales–ya sea públicos o privados, locales o internacionales–asuman actividades que, hasta ahora, se las han reservado el Gobierno y sus instituciones.

En esta línea, Fernando Zamora C, en su artículo «Desafíos del modelo constitucional» (La Nación 22/03/14), propone apostar por fortalecer el poder local:

Así, es posible trasladar funciones vitales del gobierno hacia formas públicas de organización cercanas al individuo y la comunidad. Y, en otra vía, también fomentar formas de ejecución no gubernamentales de las obras y políticas públicas bajo la rectoría, pero sin la ejecución por parte de la burocracia estatal.

La forma directorial de gobierno hace viable que los actores públicos locales asuman actividades típicas del Gobierno Central, como, por ejemplo, la educativa, de seguridad ciudadana, administración sanitaria y hospitalaria. En Suiza, los cantones controlan, incluso, cierto desarrollo de infraestructura, gestión aduanera, portuaria y aeroportuaria, y hasta el desarrollo de proyectos energéticos y científicos. En esencia, una verdadera revolución constitucional.

Startup Cities Institute

Un tipo de innovación en arreglos institucionales más profunda y disruptiva–en mi opinión, capaz de lograr la ‘destrucción creativa’ (Schumpeter) que requiere nuestro modelo de desarrollo–es la que promueve el Startup Cities Institute, de la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala, de la mano de líderes como Giancarlo Ibarguen, Carmina Valdizán y Zachary Caceres. En el artículo «¿Y si la política progresara como la tecnología?» (El Amigo de la Marro 14/03/14), se explica que:

Las Startup Cities compiten para atraer a ciudadanos proveyendo bienes públicos de alta calidad, seguridad, servicios sociales y una buena administración de justicia. Democratizan el acceso a la ley y al gobierno y da a los pobres del mundo la misma oportunidad para convertirse en empresarios exitosos, oportunidad que en algunos países existe sólo para unos pocos.

Estas ciudades pueden ser usadas para crear crecimiento económico inclusivo, combatir la corrupción y la inseguridad y para poner a prueba políticas públicas innovadoras sobre servicios públicos, transparencia y gestión ambiental.

Las Startup Cities son una versión refinada de las zonas libres del siglo XX, usualmente llamadas zonas económicas especiales, zonas de procesos de exportación o zonas libres de impuestos. Estas zonas son pequeñas porciones de tierras con políticas tributarias y regulatorias ligeramente diferentes. Muchas de ellas han creado trabajos y atraído inversiones, pero han hecho poco para abrir el acceso a herramientas de emprendedurismo para los pobres del mundo.

Para muchos, la primera reacción al escucha hablar de las Startup Cities podría ser de rechazo automático, por considerar que se trata de una propuesta salida de un libro de ciencia ficción. Sin embargo, esa sería una reacción equivocada, ya que desde el tiempo de los fenicios, como explicó Geoffrey Parker en «Sovereign City: TheCity-State though History», se ha documentado que ciudades con arreglos institucionales superiores fueron más efectivas, que otras con arreglos institucionales inferiores, en contribuir a que sus ciudadanos escaparan de la pobreza y  alcanzaran mayores niveles de bienestar y prosperidad.

Las primeras ciudades estado eran, por lo tanto, la invención de personas que habían descubierto que el comercio marítimo podía transformar la pobreza en riqueza y que requerían un sistema político que permitiera conducirlo de la manera más efectiva y con el mínimo de interferencia.
Es hora de que Costa Rica apueste decididamente, con las Startup Cities, por una ‘destrucción creativa’ de su modelo de desarrollo, para que así pueda aspirar, en un futuro no muy lejano–gracias a mejoras significativas en innovación y productividad–a ubicarse dentro del grupo de los países que ofrecen los mejores niveles de bienestar y prosperidad a sus ciudadanos.