CASINO CAMBIARIO III – ¿Por qué no han echado a Olivier Castro del BCCR?

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“Los banqueros son un grupo poderoso políticamente, no solo porque como buenos financistas diversifican sus riesgos políticos con nexos y financiamiento a diferentes partidos políticos, sino que también gozan de fuertes respaldos en otros sectores importantes que son clientes de los bancos.”
~Rodrigo Bolaños Zamora, expresidente del Banco Central de Costa Rica*

Hace más de seis años, el Semanario Universidad publicó  mi artículo “Casino cambiario” (edición del 20-26/01/10). En aquel momento, expliqué algo que, desde hace rato, es claro para todos:

La Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) administra un “Casino cambiario” en el cual nos obliga a todos a participar. Lo más grave es que arregla las máquinas, carga los dados y golpea la mesa de la ruleta para determinar quiénes ganan y quiénes pierden. 

Casino cambiario 2014

En el 2014, Rodrigo Bolaños, entonces Presidente del Banco Central, aclaró que la discrecionalidad de los funcionarios del BCCR para manipular el tipo de cambio es CERO, pero que la discrecionalidad de la Junta Directiva del BCCR es ABSOLUTA (CRHOY.com 10/02/14). En sus propias palabras:

“Esos funcionarios, cuando intervienen, intervienen en estricto apego a lo que la Junta Directiva [del Banco Central de Costa Rica] les ha dicho que hagan y ahí hay una serie de procedimientos y de criterios donde ellos básicamente lo que tienen que hacer es aplicarlos, la discrecionalidad es cero…”

La negativa del Central a actuar con transparencia, dejar de ocultar información relevante y publicar reglas claras de intervención para el mercado cambiario va en contra de los intereses de todas las personas que realizan transacciones o actividades productivas en el país, ya que imposibilita el cálculo monetario, como también se explicó en el artículo “Casino cambiario” del 2010:

En Costa Rica, las empresas y los individuos requieren señales claras para poder tomar decisiones importantes relacionadas con inversión, ahorro y organización de la producción. En otras palabras, para poder hacer su cálculo monetario. Los juegos cambiarios y monetarios del BCCR hacen imposible ese cálculo monetario, cuya importancia resumió, en 1949, el economista austriaco Ludwig von Mises, en Human Action: “El cálculo monetario es el norte de la acción dentro de un sistema social de división del trabajo. Viene a ser la brújula que guía al hombre cuando éste se lanza a producir. Mediante el cálculo consigue distinguir, entre las múltiples producciones posibles, las remuneradoras de las que no lo son; las que seguramente serán apreciadas por el consumidor soberano de las que lo más probable es que éste rechace. Cada etapa y cada paso de la actuación productiva ha de ponderarse a la luz del cálculo monetario.” 

Tal y como comenté en el artículo “CASINO CAMBIARIO II” (18/02/14), la Junta Directiva del Banco Central defiende a muerte su casino cambiario argumentando que “es conveniente para la protección de la población y para el interés público que no se den a conocer todos los detalles de los criterios de intervención.” (La Nación 18/02/14)

Ante estas declaraciones de quienes diseñaron y operan un esquema que permite a unos cuantos vivir mejor a costa de los otros, lo único que puedo decir es: ¡qué descaro!

En aquel momento, cerré el artículo diciendo:

Nos tocará a esperar al cambio de gobierno, en mayo, para ver si se cierra el casino cambiario del Banco Central o si, simplemente, cambia de administración.

Desde mayo de 2014, la Administración Solís Rivera asumió la administración del casino cambiario, con Olivier Castro como Presidente del Banco Central–un negocio creado durante la segunda Administración Arias Sánchez, cuyo creador y primer administrador fue Francisco de Paula Gutiérrez, expresidente del BCCR, y, posteriormente, fue asumido por la Administración Chinchilla Miranda, con Rodrigo Bolaños Zamora como segundo administrador.

En esta tercera administración del casino cambiario, la situación se torna todavía más turbia, debido a que, tal y como lo reportó La Nación (15/07/16), en la nota “Presidente del Banco Central inmerso en potencial conflicto de intereses“:

“La Procuraduría de la Ética advirtió de que el presidente ejecutivo del Banco Central de Costa Rica (BCCR), Olivier Castro Pérez, está inmerso en un potencial conflicto de intereses por el hecho de que su hijo, Daniel Castro Acuña, es el director jurídico de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC).

Según la Procuraduría, “ineludiblemente” Olivier Castro genera, maneja y conoce “de primera mano” información confidencial y privilegiada que incide en los 15 bancos representados en la ABC.

Se trata, por ejemplo, de decisiones sobre la fluctuación del tipo de cambio y las tasas de interés, así como la definición de las políticas monetaria y bancaria del país.

El informe de la Procuraduría, que surgió a raíz de una denuncia –no dice de quién–, explica que el lazo familiar entre Castro y su hijo genera un “riesgo relevante para el ejercicio imparcial y correcto del cargo de presidente del BCCR”, institución encargada de dictar la política macroeconómica del país.”

Adicionalmente, dos días después, La Nación (18/07/16), amplió la información de la nota anterior en la publicación “Jerarca del BCCR tardó 21 meses en informar que hijo labora en Asociación Bancaria” y añadió que:

“Pasaron 21 meses para que Olivier Castro, presidente ejecutivo del Banco Central de Costa Rica (BCCR), informara a Casa Presidencial de que su hijo, Daniel Castro, es el director jurídico de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC).

Lo hizo el viernes pasado, después de que La Nación publicara un informe en el cual la Procuraduría de la Ética encontró que la relación familiar de ambos configura un potencial conflicto de intereses que afecta su labor al frente del ente emisor, al ser la ABC la entidad que vela por los intereses de los bancos regulados por el Central.”

13652909_10209705357491874_3656033951479602002_oEn lugar de optar por la salida decente y presentar su renuncia, Olivier Castro se negó a renunciar a la Presidencia del Banco Central de Costa Rica y, para empeorar las cosas, Helio Fallas, Vicepresidente de la República, Ministro de Hacienda y miembro de la Junta Directiva del BCCR corrió a defender lo indefendible y a “meter las manos en el fuego” por don Olivier, enviando la señal de que existe un nulo compromiso por parte del Gobierno con la transparencia, la integridad en la administración pública y la cero tolerancia a conflictos de intereses de funcionario de alto nivel.

Ante esta triste realidad, las preguntas que quedan por responder son:

  1. ¿Qué espera don Luis Guillermo Solís Rivera, Presidente de la República de Costa Rica, para echar a Olivier Castro de la Presidencia del BCCR y poner fin a ese escandaloso conflicto de intereses que perjudica la credibilidad del Central, de todo su equipo económico y de toda su Administración?

2. ¿Qué esperan la Defensoría de los Habitantes y los diputados de los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa y quienes aspiran a la Presidencia de la República en el 2018 para exigir que echen a Olivier Castro de la Presidencia del BCCR?

3. ¿Por qué no exigimos todos los costarricenses que cierren, de una vez por todas, el casino cambiario que administra el Banco Central de Costa Rica?

 

*Ver “Crímenes de política económica” (Semanario Universidad 07/12/09)

El supuesto “crucial” de las conclusiones del debate cambiario de los 10 economistas*

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“Toda teoría depende de supuestos que no son completamente ciertos. Eso es lo que la convierte en teoría. El arte de teorizar exitosamente consiste en hacer los supuestos simplificantes inevitables de manera que los resultados finales no sean muy sensitivos. Un supuesto “crucial” es uno sobre el cual las conclusiones sí dependen de manera sensitiva y es importante que los supuestos cruciales sean razonablemente realistas. Cuando los resultados de una teoría parecen fluir específicamente de un supuesto crucial especial, entonces, si el supuesto es dudoso, los resultados son sospechosos”, sentenció, con autoridad, Robert M. Solow, Premio Nobel de Economía, en el párrafo introductorio de su artículo clásico “A Contribution to the Theory of Economic Growth” [The Quarterly Journal of Economics, Vol. 70, No. 1 (Feb., 1956), pp. 65-94].

Las “Conclusiones del debate cambiario” (La Nación 13/07/16) de los 10 economistas fluyen especialmente de un supuesto crucial especial, que es dudoso–debido a que no es razonablemente realista, para el caso costarricense–y que, por lo tanto, las convierte en sospechosas: la eficiencia del mercado cambiario costarricense.

Durante los primeros meses del 2008, ya se había hecho evidente un serio problema para el funcionamiento del esquema de bandas cambiarias y, eventualmente, la flotación administrada: el mercado cambiario costarricense es ineficiente. Esto lo expliqué, oportunamente en mi artículo “¿Tiene sentido la política cambiaria?” (La Nación 23/05/08):

Ineficiencia. Nuestro mercado cambiario es ineficiente. Esta realidad, reconocida por las máximas autoridades del Banco Central de Costa Rica, se refleja en esto:

  • Un mercado pequeño.
  • No existen buenos sustitutos.
  • Existen grandes jugadores cuya intervención es capaz de mover el mercado.
  • Se dan asimetrías de información entre los jugadores.
  • Las decisiones de los agentes menos informados no son congruentes con los cambios en las condiciones del mercado.

Las variaciones abruptas en el tipo de cambio durante las primeras dos semanas del mes de mayo confirman esa ineficiencia, porque los movimientos no reflejaron un cambio ordenado en las expectativas racionales de los actores económicos. Todo lo contrario, reflejaron la incertidumbre del mercado.

En junio de 2008, era muy claro que el delicado experimento cambiario del BCCR había fracasado, tal y como lo señalé en “Un delicado experimento” (El Financiero 15/06/08):

“Jamás imaginamos que el mercado cambiario fuera ineficiente y que nos iba a dar tantos problemas”.

Ese fue el comentario de un funcionario del Banco Central de Costa Rica (BCCR) [Róger Madrigal López, Director de la División Económica del Banco Central de Costa Rica] cuando le expresé mi preocupación por la crisis que desató el experimento cambiario.

Cuando se trabajó en el diseño del esquema de bandas, simplemente, no se tomó en cuenta dentro del análisis el hecho de que el mercado cambiario costarricense es ineficiente. ¡Pequeña omisión por parte de los encargados del diseño de política cambiaria!

Lo que pasó, en términos muy sencillos, fue que el Central se corrió el riesgo de experimentar, sin contar con un análisis adecuado de lo que podría salir mal. El laboratorio en el que se puso a prueba el experimento fue nuestra economía y, por ende, las consecuencias negativas las pagaremos todos los costarricenses.

Entonces, como el mercado cambiario costarricense es “ineficiente”–en lugar de “eficiente”–como suponen los 10 economistas, las conclusiones deberían reescribirse así:

1. Régimen cambiario: No hace sentido preservar la flotación administrada–que, en realidad es “flotación arbitraria”–porque el mercado cambiario es ineficiente y el Banco Central de Costa Rica nada puede hacer para eliminar esas ineficiencias

2. Política cambiaria: No es posible crear un mercado cambiario competitivo en Costa Rica. La libre flotación de la moneda deja de ser una opción viable cuando el mercado cambiario es ineficiente, como se explicó arriba, esa flotación no sería libre. El principio de laissez faire no se puede defender ante la presencia de un mercado que no funciona y que es fácilmente manipulable. La implementación de una supuesta libre flotación solamente contribuiría a magnificar los problemas actuales.

3. Conclusión: Debido a 1. y 2., no hace sentido preservar la flotación administrada y es imposible, en Costa Rica, una libre flotación, debido a la ineficiencia del mercado cambiario. Ante esta realidad, lo más conveniente para todos los costarricense es abandonar el colón costarricense y dolarizar oficialmente la economía.

* Los 10 economistas son: Carlos Blanco, William Calvo, Jorge Corrales, Eliécer Feinzaig, Alberto Franco, Melvin Garita, Jorge Guardia, Luis Mesalles, Juan Muñoz y Norberto Zúñiga.

El retorno de los tres monos sabios y la política económica

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“Pigmei Gigantum humeris impositi plusquam ipsi Gigantes vident.” *
–Didacus Stella, Luc. 10, tom 2.

Durante las últimas semanas, he publicado una serie de artículos en los cuales hago referencia a otros artículos escritos–varios de ellos escritos más de 4 años atrás–antes de que terminara la administración Arias Sánchez (2006-2010) e iniciara la administración Chinchilla Miranda (2010-2014), para hacer evidente el hecho de que muy poco o nada se ha avanzado en la solución de problemas relacionados con un mal manejo de la política económica, a pesar de las advertencias acerca de los riesgos que hice, de manera oportuna, y las propuestas concretas de alternativas que puse sobre la mesa para su discusión. En esta categoría caen los siguientes artículos:

Casino cambiario II” (18/02/14)

Via crucis cambiario: LA DOLARIZACIÓN [última estación]” (08/03/14)

Teología económica: verdades reveladas por el tiempo” (09/03/14)

Esta semana, el semanario El Financiero, después de analizar los aportes de la Administración Chinchilla Miranda a la solución de los problemas económicos que heredó–algunos de ellos bastante graves–de la administración Arias Sánchez, alcanzó, en su “Editorial: Un legado modesto“, la misma conclusión:

“…el legado de la administración Chinchilla en el campo económico es bien modesto.”

Los tres monos sabios

Como los problemas económicos que enfrentamos actualmente son los mismos de hace 4 años, pero más graves, consideré importante, en estos momentos, rescatar el artículo “Los tres monos sabios y la política económica” (Diario Extra 13/10/09), cuyo texto reproduzco, por su relevancia y vigencia, de manera íntegra, a continuación:

Los tres monos sabios, en conjunto, representan el antiguo principio proverbial oriental de “no ver el mal, no escuchar el mal, no hablar el mal”. Los tres monos son Mizaru, cubre sus ojos, Kikazaru, cubre sus oídos, e Iwazaru, cubre su boca. A los monos se les atribuyen varios significados. Entre éstos, se encuentra el referirse a aquellos a quienes al enfrentar situaciones impropias o incómodas responden viendo para otra parte, evadiendo su responsabilidad por encarar la situación o simulando ignorancia respecto a los problemas.

La actitud de quienes han tenido en sus manos las riendas del manejo económico en el gobierno actual replica la de los tres monos. En primer lugar, se rehúsan a ver el mal. En su momento, se negaron a reconocer que la crisis financiera internacional tendría un impacto negativo para el país. Luego, cuando ya era demasiado tarde y era evidente lo que pasaba en Costa Rica y el mundo entero, pusieron manos a la obra para diseñar un “Plan escudo” para enfrentar la crisis. El famoso plan dejó por fuera cualquier medida interesante, desde un punto de vista fiscal o monetario, para contribuir efectivamente a la reactivación económica. Actualmente, a pesar de que -debido a los desaciertos locales en el manejo de la política económica- los costarricenses han sufrido más de lo necesario y las consecuencias de la crisis han sido graves, no se han anunciado rectificaciones. Por el contrario, insisten en continuar haciendo lo mismo.

En segundo lugar, se rehúsan a escuchar el mal. Ante el letargo que se apoderó del manejo de la política económica y sus desastrosos resultados, las voces de intelectuales, académicos y analistas -representando a toda la diversidad de ideologías y enfoques posibles- se han elevado para señalar con claridad los problemas y presentar alternativas que permitan superar los problemas. La respuesta, una y otra vez, por parte de las autoridades del gobierno ha sido la misma: ver para otra parte. Ejemplos claros de esto son el fallido experimento con las bandas cambiarias, la manipulación de tasas de interés y el crecimiento del gasto público sin contar con fuentes claras de financiamiento. Como resultado, los costos para la sociedad son cada vez mayores.

En tercer lugar, se rehúsan a hablar el mal. ¿Por qué continúan evadiendo la discusión abierta de alternativas de política económica? ¿Por qué no reconocen los errores que han cometido? ¿Por qué insisten en la implementación de políticas nocivas para la competitividad y la reactivación económica? ¿Por qué asumen que ellos tienen la razón? ¿Por qué no rinden cuentas a los ciudadanos?

Escrutinio y debate. El patrón de conducta de los tres monos sabios tiene su génesis, probablemente, en la premisa de que un planificador central (burócrata del Banco Central o Ministerio de Hacienda) tiene el conocimiento y sabiduría suficiente para determinar qué es lo que más le conviene a cada individuo. Esa premisa emerge de teorías intervencionistas y empobrecedoras como las expuestas por Marx, Keynes y Galbraith. En la realidad, el conocimiento requerido para garantizar el uso más eficiente de los recursos en la sociedad no está al alcance de un solo individuo (o grupo de individuos), sin importar cuán brillante sea. En ese punto han insistido Knight, Hayek y Mises. La única forma para diseñar mejores políticas públicas es someter las propuestas e iniciativas a procesos de escrutinio abierto, debate y crítica. La negativa a hacerlo atenta contra el progreso y la sana evolución en una sociedad libre.

El frente económico del gobierno debe estar dispuesto a ver, escuchar y hablar acerca de los problemas que han causado en el manejo de la política económica y estar dispuestos a discutir abiertamente cómo superarlos. Lo mismo aplica para quienes aspiran a ocupar puestos de elección popular a partir de mayo de 2010.

Si regresamos al presente, lo único que cambia es la última línea: “Lo mismo aplica para quienes aspiran a ocupar puestos de elección popular a partir de mayo de 2014.” 

* Tomado de Merton, Robert K. “On the shoulders of giants: a Shandean postscript”, University of Chicago Press, 1993, página 3. Traducción: “Un pigmeo parado sobre los hombros de gigantes puede ver más allá que los propios gigantes.”

Buen Dinero para Costa Rica

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La discusión acerca de ‘buen dinero’ (“sound money”) es importante. En Costa Rica, tenemos tantos años de utilizar ‘dinero malo’ que se nos hace difícil imaginar qué es ‘buen dinero’ y cómo nos beneficiaríamos de utilizarlo.

La “Guía para el Buen Dinero” de Judy Shelton, es un excelente punto de partida para la discusión acerca de ‘buen dinero’. La Dra. Shelton explica, por ejemplo, que:

“El dinero es bueno cuando incorpora las mismas virtudes que todos tratamos de inculcar en nuestros hijos: la honestidad, la credibilidad y la confiabilidad.

  • El buen dinero es dinero honesto cuando transmite con precisión las señales de precios y sirve como un depósito de valor confiable.
  • El buen dinero es creíble y confiable cuando funciona como una unidad de cuenta con significado, para que los participantes del mercado – consumidores y productores, inversionistas y empresarios – puedan tomar decisiones informadas y hacer planes racionales. 

Al definir buen dinero, debemos ir más allá de las funciones puramente económicas del dinero. También, es necesario garantizar que el dinero no pueda ser utilizado para expandir los poderes del gobierno sobre una sociedad libre.”

Guía para el Buen Dinero

Creo que no serán muchos quienes–después de leer la “Guía para el Buen Dinero” (altamente recomendada para todos)–opinen que el colón costarricense pueda considerarse ‘buen dinero’.

Desde mi perspectiva, el mejor camino (más corto y menos costoso) para que los costarricenses puedan aspirar a utilizar ‘buen dinero’ (o, por lo menos, uno muchísimo mejor) es dolarizar la economía.

INCERTIDUMBRE: el peor enemigo de la inversión, el empleo y el crecimiento

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La incertidumbre–el no poder hacer estimados razonables con respecto a lo que va a pasar en el futuro–es el peor enemigo de la inversión, el empleo y el crecimiento.

Cuando, durante los últimos días, me han solicitado que mencione cuál es, desde mi perspectiva, la principal causa (solamente una) de la desaceleración de la economía, no ha sido necesario detenerme para pensar dos veces. Mi respuesta es: INCERTIDUMBRE. Ver, por ejemplo, “¿Inversiones son cuestión de imagen?” (16/07/13), en la Revista Mercados y Tendencias.

Actualmente, el elevado nivel de incertidumbre se alimenta de, al menos, cinco fuentes (varias de ellas relacionadas):

  1. Política fiscal – crecimiento del gasto público y de la deuda pública, sin límites, que, eventualmente (en el muy corto plazo) se traducirán en presiones para aprobar un nuevo paquete de impuestos, ya que nadie habla de recortar, seriamente, el gasto público y la deuda.
  2. Política monetaria y cambiaria – la amenaza de que se dispare la inflación, las restricciones innecesarias al crédito, la manipulación del tipo de cambio, la posibilidad de que se eliminen las bandas cambiarias y la eventual aprobación de una ley para desincentivar el ingreso de capitales (mala para la inversión, el empleo y el crecimiento).
  3. Tasas de interés en Estados Unidos – la expectativa de que la Reserva Federal suba las tasas de interés en Estados Unidos y que, como consecuencia, suban, también, en Costa Rica.
  4. Evolución de los mercados internacionales – Los mercados internacionales a los que exportamos, que son fuentes de recursos de Inversión Extranjera Directa y de turistas con alto poder adquisitivo parecen estar en proceso de recuperación, pero todavía se encuentran muy débiles.
  5. Política-electoral – Llegó el momento en el que el Gobierno actual va de salida y la gente no sabe quién va a resultar electo en las elecciones presidenciales de febrero de 2014, cómo quedará integrada la Asamblea Legislativa, quiénes van a ocupar los puestos de toma de decisiones y, más importante, qué van a hacer cuando lleguen ahí.

Incertidumbre

¿Qué hacer al respecto? La respuesta, tanto poderosa como simple, la ofrece Kenneth J. Arrow, Premio Nobel de Economía, quien nos recuerda, en “Information and Economic Behavior” (1973), que:

“…cuando hay incertidumbre, usualmente existe la posibilidad de reducirla a través de la adquisición de información.”

En otras palabras, tanto el Gobierno como quienes aspiran a la Presidencia de la República, deben hablar claro a los ciudadanos con respecto a lo que pueden esperar con respecto a las decisiones de política fiscal, política monetaria y cambiaria, tasas de interés, evolución de mercados internacionales y, en general, sus planes de gobierno (lo que, realmente, van a hacer si ganan). Esto debe complementarse, a su vez, con una política de 100% de transparencia y de acceso a información relevante para la toma de decisiones por parte del Gobierno, del Banco Central y de todas sus instituciones.