El retorno de los tres monos sabios y la política económica

Estándar

“Pigmei Gigantum humeris impositi plusquam ipsi Gigantes vident.” *
–Didacus Stella, Luc. 10, tom 2.

Durante las últimas semanas, he publicado una serie de artículos en los cuales hago referencia a otros artículos escritos–varios de ellos escritos más de 4 años atrás–antes de que terminara la administración Arias Sánchez (2006-2010) e iniciara la administración Chinchilla Miranda (2010-2014), para hacer evidente el hecho de que muy poco o nada se ha avanzado en la solución de problemas relacionados con un mal manejo de la política económica, a pesar de las advertencias acerca de los riesgos que hice, de manera oportuna, y las propuestas concretas de alternativas que puse sobre la mesa para su discusión. En esta categoría caen los siguientes artículos:

Casino cambiario II” (18/02/14)

Via crucis cambiario: LA DOLARIZACIÓN [última estación]” (08/03/14)

Teología económica: verdades reveladas por el tiempo” (09/03/14)

Esta semana, el semanario El Financiero, después de analizar los aportes de la Administración Chinchilla Miranda a la solución de los problemas económicos que heredó–algunos de ellos bastante graves–de la administración Arias Sánchez, alcanzó, en su “Editorial: Un legado modesto“, la misma conclusión:

“…el legado de la administración Chinchilla en el campo económico es bien modesto.”

Los tres monos sabios

Como los problemas económicos que enfrentamos actualmente son los mismos de hace 4 años, pero más graves, consideré importante, en estos momentos, rescatar el artículo “Los tres monos sabios y la política económica” (Diario Extra 13/10/09), cuyo texto reproduzco, por su relevancia y vigencia, de manera íntegra, a continuación:

Los tres monos sabios, en conjunto, representan el antiguo principio proverbial oriental de “no ver el mal, no escuchar el mal, no hablar el mal”. Los tres monos son Mizaru, cubre sus ojos, Kikazaru, cubre sus oídos, e Iwazaru, cubre su boca. A los monos se les atribuyen varios significados. Entre éstos, se encuentra el referirse a aquellos a quienes al enfrentar situaciones impropias o incómodas responden viendo para otra parte, evadiendo su responsabilidad por encarar la situación o simulando ignorancia respecto a los problemas.

La actitud de quienes han tenido en sus manos las riendas del manejo económico en el gobierno actual replica la de los tres monos. En primer lugar, se rehúsan a ver el mal. En su momento, se negaron a reconocer que la crisis financiera internacional tendría un impacto negativo para el país. Luego, cuando ya era demasiado tarde y era evidente lo que pasaba en Costa Rica y el mundo entero, pusieron manos a la obra para diseñar un “Plan escudo” para enfrentar la crisis. El famoso plan dejó por fuera cualquier medida interesante, desde un punto de vista fiscal o monetario, para contribuir efectivamente a la reactivación económica. Actualmente, a pesar de que -debido a los desaciertos locales en el manejo de la política económica- los costarricenses han sufrido más de lo necesario y las consecuencias de la crisis han sido graves, no se han anunciado rectificaciones. Por el contrario, insisten en continuar haciendo lo mismo.

En segundo lugar, se rehúsan a escuchar el mal. Ante el letargo que se apoderó del manejo de la política económica y sus desastrosos resultados, las voces de intelectuales, académicos y analistas -representando a toda la diversidad de ideologías y enfoques posibles- se han elevado para señalar con claridad los problemas y presentar alternativas que permitan superar los problemas. La respuesta, una y otra vez, por parte de las autoridades del gobierno ha sido la misma: ver para otra parte. Ejemplos claros de esto son el fallido experimento con las bandas cambiarias, la manipulación de tasas de interés y el crecimiento del gasto público sin contar con fuentes claras de financiamiento. Como resultado, los costos para la sociedad son cada vez mayores.

En tercer lugar, se rehúsan a hablar el mal. ¿Por qué continúan evadiendo la discusión abierta de alternativas de política económica? ¿Por qué no reconocen los errores que han cometido? ¿Por qué insisten en la implementación de políticas nocivas para la competitividad y la reactivación económica? ¿Por qué asumen que ellos tienen la razón? ¿Por qué no rinden cuentas a los ciudadanos?

Escrutinio y debate. El patrón de conducta de los tres monos sabios tiene su génesis, probablemente, en la premisa de que un planificador central (burócrata del Banco Central o Ministerio de Hacienda) tiene el conocimiento y sabiduría suficiente para determinar qué es lo que más le conviene a cada individuo. Esa premisa emerge de teorías intervencionistas y empobrecedoras como las expuestas por Marx, Keynes y Galbraith. En la realidad, el conocimiento requerido para garantizar el uso más eficiente de los recursos en la sociedad no está al alcance de un solo individuo (o grupo de individuos), sin importar cuán brillante sea. En ese punto han insistido Knight, Hayek y Mises. La única forma para diseñar mejores políticas públicas es someter las propuestas e iniciativas a procesos de escrutinio abierto, debate y crítica. La negativa a hacerlo atenta contra el progreso y la sana evolución en una sociedad libre.

El frente económico del gobierno debe estar dispuesto a ver, escuchar y hablar acerca de los problemas que han causado en el manejo de la política económica y estar dispuestos a discutir abiertamente cómo superarlos. Lo mismo aplica para quienes aspiran a ocupar puestos de elección popular a partir de mayo de 2010.

Si regresamos al presente, lo único que cambia es la última línea: “Lo mismo aplica para quienes aspiran a ocupar puestos de elección popular a partir de mayo de 2014.” 

* Tomado de Merton, Robert K. “On the shoulders of giants: a Shandean postscript”, University of Chicago Press, 1993, página 3. Traducción: “Un pigmeo parado sobre los hombros de gigantes puede ver más allá que los propios gigantes.”

INCERTIDUMBRE: el peor enemigo de la inversión, el empleo y el crecimiento

Estándar

La incertidumbre–el no poder hacer estimados razonables con respecto a lo que va a pasar en el futuro–es el peor enemigo de la inversión, el empleo y el crecimiento.

Cuando, durante los últimos días, me han solicitado que mencione cuál es, desde mi perspectiva, la principal causa (solamente una) de la desaceleración de la economía, no ha sido necesario detenerme para pensar dos veces. Mi respuesta es: INCERTIDUMBRE. Ver, por ejemplo, “¿Inversiones son cuestión de imagen?” (16/07/13), en la Revista Mercados y Tendencias.

Actualmente, el elevado nivel de incertidumbre se alimenta de, al menos, cinco fuentes (varias de ellas relacionadas):

  1. Política fiscal – crecimiento del gasto público y de la deuda pública, sin límites, que, eventualmente (en el muy corto plazo) se traducirán en presiones para aprobar un nuevo paquete de impuestos, ya que nadie habla de recortar, seriamente, el gasto público y la deuda.
  2. Política monetaria y cambiaria – la amenaza de que se dispare la inflación, las restricciones innecesarias al crédito, la manipulación del tipo de cambio, la posibilidad de que se eliminen las bandas cambiarias y la eventual aprobación de una ley para desincentivar el ingreso de capitales (mala para la inversión, el empleo y el crecimiento).
  3. Tasas de interés en Estados Unidos – la expectativa de que la Reserva Federal suba las tasas de interés en Estados Unidos y que, como consecuencia, suban, también, en Costa Rica.
  4. Evolución de los mercados internacionales – Los mercados internacionales a los que exportamos, que son fuentes de recursos de Inversión Extranjera Directa y de turistas con alto poder adquisitivo parecen estar en proceso de recuperación, pero todavía se encuentran muy débiles.
  5. Política-electoral – Llegó el momento en el que el Gobierno actual va de salida y la gente no sabe quién va a resultar electo en las elecciones presidenciales de febrero de 2014, cómo quedará integrada la Asamblea Legislativa, quiénes van a ocupar los puestos de toma de decisiones y, más importante, qué van a hacer cuando lleguen ahí.

Incertidumbre

¿Qué hacer al respecto? La respuesta, tanto poderosa como simple, la ofrece Kenneth J. Arrow, Premio Nobel de Economía, quien nos recuerda, en “Information and Economic Behavior” (1973), que:

“…cuando hay incertidumbre, usualmente existe la posibilidad de reducirla a través de la adquisición de información.”

En otras palabras, tanto el Gobierno como quienes aspiran a la Presidencia de la República, deben hablar claro a los ciudadanos con respecto a lo que pueden esperar con respecto a las decisiones de política fiscal, política monetaria y cambiaria, tasas de interés, evolución de mercados internacionales y, en general, sus planes de gobierno (lo que, realmente, van a hacer si ganan). Esto debe complementarse, a su vez, con una política de 100% de transparencia y de acceso a información relevante para la toma de decisiones por parte del Gobierno, del Banco Central y de todas sus instituciones.