¿Por qué el Estado se puede endeudar en dólares y yo no?

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No hay dos tipos de dólares. No hay dólares buenos y dólares malos.

Dólar bueno o malo

¿Por qué, entonces, es bueno que el Gobierno, sus instituciones y los Bancos del Estado se endeuden, más y más, en dólares?

¿Por qué–mientras el Estado se beneficia de créditos baratos en dólares y hacen ingresar montos masivos de dólares a la economía–promueven el Banco Central (BCCR), el Gobierno y un grupo de diputados aprobar una ley para desincentivar el ingreso de capitales?

¿Por qué los ingresos masivos de dólares del Estado no afectan el tipo de cambio, no causan distorsiones y no incrementan el riesgo cambiario?

¿Por qué el BCCR y Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASSIF) quieren endurecer las condiciones para encarecer, dificultar o negar créditos en dólares–mucho más baratos que los que se pueden conseguir en colones–para empresas y para las familias costarricenses?

Si la preocupación por el ingreso de capitales del BCCR y del Gobierno es real–antes de pretender introducir distorsiones para evitar que ingresen dólares al país o que se otorguen créditos en esa moneda a las personas y a las empresas–deberían, para ser consistentes, tomar, a la brevedad posible, las siguientes dos acciones: 1) prohibir el endeudamiento público futuro en dólares (Gobierno, sus instituciones y Bancos del Estado) y 2) sustituir TODAS sus deudas en dólares, durante los próximos tres meses (como recomendó el presidente del BCCR a las empresas y familias costarricenses), por deudas en colones.

Con las medidas para “desdolarizar” la economía que promueve el BCCR se castiga a los costarricenses, pero se mantienen privilegios para el Estado y sus instituciones. Por esto, deben ser rechazadas. La “desdolarización” no es deseable, ni viable para Costa Rica. En su lugar, lo que hace sentido es dejar de introducir distorsiones y “dolarizar”.

3 breves comentarios acerca de la opinión del Presidente del Banco Central

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El Presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR) publicó, en La Nación (06/07/13), el artículo “Comentario sobre editorial de La Nación”, en el cual, entre otras cosas, insiste en que si se quiere eliminar las restricciones al crédito se debe aprobar la ley para desincentivar el ingreso de capitales, con lo cual se le otorgarían más herramientas al BCCR. En el mismo artículo, él se presenta como defensor de la credibilidad del ente emisor.

Frente a la opinión del Presidente del Banco Central, ofrezco tres breves comentarios:

1. No es correcto que el Presidente del Banco Central y las autoridades económicas del Gobierno pretendan obligar a los costarricenses a escoger entre dos males [ver “Proyecto de ley para desincentivar el ingreso de capitales se mantiene atascado en el Congreso”] cuando existe la alternativa de rechazarlos a ambos. Las restricciones al crédito deben ser eliminadas, sin condiciones, y la Ley para desincentivar el ingreso de capitales debe ser desechada. Ninguna de las dos distorsiones beneficia a los costarricenses [ver “Grupo de Economistas en contra de desincentivar ingreso de capitales” y “Grupo de Economistas apoya reducir tasas de interés pero duda de su efectividad y formula serias advertencias”, donde se explica la necesidad de derogar los límites al crédito].

2. Debe quedar claro frente a la opinión pública que quienes pusieron en juego la credibilidad del Banco Central–y son los únicos responsable de que esa credibilidad haya caído por los suelos–son los miembros de la Junta Directiva del BCCR, que se han dedicado, durante los últimos años, a implementar ocurrencias y decisiones desacertadas–separándose, frecuentemente, de las recomendaciones técnicas para abrazar recomendaciones políticas que emanan de Casa Presidencial–[ver, por ejemplo, slides 11, 12 y 13 de presentación “Bandas vs. Flotación: ¿qué nos conviene?” del Dr. Bernal Jiménez Chavarría].

Manipulación Banco Central

3. En relación con el punto 2., la Junta Directiva del BCCR ha abusado de los ‘cheques en blanco’, que le otorga su Ley Orgánica, para tomar decisiones arbitrarias, sin rendir cuentas a nadie, para redistribuir de manera injusta la riqueza–quitándole, muchas veces, a quines menos tienen para darle más a algunos de los grupos que más tienen–[ver “Arbitrariedad monetaria y cambiaria”].

En resumen, no necesitamos de más distorsiones (parches) para intentar extender, de manera artificial, la vida del costoso y fracasado experimento de bandas cambiarias. Ni los límites al crédito ni una ley para espantar los capitales–y los costos que los acompañan–son necesarios o deseables. Tampoco es necesario, o deseable, darle más herramientas (‘cheques en blanco’) a la Junta Directiva del BCCR. Por el contrario, debemos procurar eliminar la arbitrariedad en el manejo de la política monetaria y cambiaria, algo hacia lo que se avanza con la dolarización de la economía [ver: “Responsabilidad Monetaria, Integración Financiera y Dolarización”].