IGUALDAD: ¿’sueño costarricense’ o ‘pesadilla costarricense’?

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“La mejor oportunidad que jamás se le dio al mundo fue desechada porque la pasión por la igualdad hizo inútil la esperanza de libertad.”
–Lord Acton

El 4 de julio de 1776, los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América, en un par de líneas de la Declaración de Independencia, fueron capaces de imprimir en el ADN de la nueva nación las bases para el ‘sueño americano’. La clave está en que estos visionarios hablaron del derecho de todos a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

“Sostenemos que estas Verdades son evidentes en sí mismas: que todos los Hombres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos Derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad.”

Los Padres Fundadores jamás insinuaron que el rol del Estado sea el de ‘garantizar’ a todos la felicidad. Esta decisión marca toda la diferencia entre una apuesta por la ‘igualdad de oportunidades’–para que todos puedan, con su trabajo y esfuerzo, buscar su felicidad–y una apuesta por la ‘igualdad de resultados’–donde todos esperan sentados que el Estado intervenga para solucionarles sus problemas y quitarles su ingreso y riqueza a unos para dárselo a otros–. En en la práctica, muchas veces, el Estado interviene para quitarle a los que menos tienen y darle a los que más tienen (ver “THE CHARITY OF THE UNCHARITABLE” (1971), de Gordon Tullock).

“Esta es la gran cosa acerca del sueño americano: No se trata de la igualdad de resultados, se trata de la igualdad de oportunidades.”
–Gov. Bobby Jindal (R-LA)

Sueño americano

En contraste, la primera línea del artículo 50 de la Constitución Política de Costa Rica vigente deja claro que los fundadores de nuestra Segunda República se inclinaron por un Estado paternalista que, en esencia, apuesta por un ‘sueño costarricense’ basado en la ‘igualdad de resultados’, en lugar de la ‘igualdad de oportunidades’.

“ARTÍCULO 50.- El Estado procurará el mayor bienestar a todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza…”

Las consecuencias para una sociedad, en términos de bienestar y prosperidad, que se derivan de apostar por ‘igualdad de oportunidades’–el ‘sueño americano’ o por ‘igualdad de resultados’–el ‘sueño costarricense’–no pueden ser ignoradas.

La apuesta por la ‘igualdad de oportunidades’ promueve la libertad, un menor rol del Estado, eliminar distorsiones y la redistribución de riqueza por medio del intercambio voluntario en el mercado. Se inspira en la filosofía de “enseñar a pescar”, en lugar de “regalar pescado” (la gente trabaja y no espera que le regalen las cosas).

La apuesta por la ‘igualdad de resultados’ promueve un enorme Estado paternalista e interventor y la redistribución [ineficiente e injusta] de la riqueza por medio del Estado (más impuestos y más gasto público). Se inspira en la filosofía de “regalar pescado”, en lugar de “enseñar a pescar” (gente espera que le regalen las cosas, en lugar de trabajar).

Hasta la fecha, nadie ha sido capaz de superar a Frédéric Bastiat en describir, en su ensayo “El Estado” (1848), la destructiva dinámica que se desata cuándo–recurriendo al Estado y apostando por la ‘igualdad de resultados’ (imposible de alcanzar)–“todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo”.

“Heme aquí desacreditado ante todos por siempre, acusando recibo de que soy un hombre sin corazón y sin entrañas, un filósofo seco, un individualista, un burgués y, para decirlo todo en una palabra, un economista de la escuela inglesa o estadounidense.

¡Oh! Perdónenme, escritores sublimes, que nada me detiene, ni las mismas contradicciones. Estoy equivocado, sin duda, y me retracto de todo corazón. No pido nada mejor, estén seguros, que Ustedes hayan verdaderamente descubierto, fuera de nosotros, un ser bienhechor e inagotable, llamado Estado, que tiene pan para todas las bocas, trabajo para todos los brazos, capitales para todas las empresas, crédito para todos los proyectos, aceite para todas las llagas, alivio para todos los sufrimientos, consejo para todos los perplejos, soluciones para todas las dudas, verdades para todas las inteligencias, distracciones para todos los aburrimientos, leche para la infancia, vino para la vejez, que provee a todas nuestras necesidades, previene todos nuestros deseos, satisface todas nuestras curiosidades, endereza todos nuestros errores, todas nuestras faltas y nos dispensa a todos en adelante de previsión, de prudencia, de juicio, de sagacidad, de experiencia, de orden, de economía, de temperamento y de actividad.”

¿Vivimos un ‘sueño costarricense’–que nos permitirá aspirar a mejorar significativamente nuestro bienestar y prosperidad–o una ‘pesadilla costarricense’–que nos condena a la pobreza y al subdesarrollo–?