CASINO CAMBIARIO III – ¿Por qué no han echado a Olivier Castro del BCCR?

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“Los banqueros son un grupo poderoso políticamente, no solo porque como buenos financistas diversifican sus riesgos políticos con nexos y financiamiento a diferentes partidos políticos, sino que también gozan de fuertes respaldos en otros sectores importantes que son clientes de los bancos.”
~Rodrigo Bolaños Zamora, expresidente del Banco Central de Costa Rica*

Hace más de seis años, el Semanario Universidad publicó  mi artículo “Casino cambiario” (edición del 20-26/01/10). En aquel momento, expliqué algo que, desde hace rato, es claro para todos:

La Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) administra un “Casino cambiario” en el cual nos obliga a todos a participar. Lo más grave es que arregla las máquinas, carga los dados y golpea la mesa de la ruleta para determinar quiénes ganan y quiénes pierden. 

Casino cambiario 2014

En el 2014, Rodrigo Bolaños, entonces Presidente del Banco Central, aclaró que la discrecionalidad de los funcionarios del BCCR para manipular el tipo de cambio es CERO, pero que la discrecionalidad de la Junta Directiva del BCCR es ABSOLUTA (CRHOY.com 10/02/14). En sus propias palabras:

“Esos funcionarios, cuando intervienen, intervienen en estricto apego a lo que la Junta Directiva [del Banco Central de Costa Rica] les ha dicho que hagan y ahí hay una serie de procedimientos y de criterios donde ellos básicamente lo que tienen que hacer es aplicarlos, la discrecionalidad es cero…”

La negativa del Central a actuar con transparencia, dejar de ocultar información relevante y publicar reglas claras de intervención para el mercado cambiario va en contra de los intereses de todas las personas que realizan transacciones o actividades productivas en el país, ya que imposibilita el cálculo monetario, como también se explicó en el artículo “Casino cambiario” del 2010:

En Costa Rica, las empresas y los individuos requieren señales claras para poder tomar decisiones importantes relacionadas con inversión, ahorro y organización de la producción. En otras palabras, para poder hacer su cálculo monetario. Los juegos cambiarios y monetarios del BCCR hacen imposible ese cálculo monetario, cuya importancia resumió, en 1949, el economista austriaco Ludwig von Mises, en Human Action: “El cálculo monetario es el norte de la acción dentro de un sistema social de división del trabajo. Viene a ser la brújula que guía al hombre cuando éste se lanza a producir. Mediante el cálculo consigue distinguir, entre las múltiples producciones posibles, las remuneradoras de las que no lo son; las que seguramente serán apreciadas por el consumidor soberano de las que lo más probable es que éste rechace. Cada etapa y cada paso de la actuación productiva ha de ponderarse a la luz del cálculo monetario.” 

Tal y como comenté en el artículo “CASINO CAMBIARIO II” (18/02/14), la Junta Directiva del Banco Central defiende a muerte su casino cambiario argumentando que “es conveniente para la protección de la población y para el interés público que no se den a conocer todos los detalles de los criterios de intervención.” (La Nación 18/02/14)

Ante estas declaraciones de quienes diseñaron y operan un esquema que permite a unos cuantos vivir mejor a costa de los otros, lo único que puedo decir es: ¡qué descaro!

En aquel momento, cerré el artículo diciendo:

Nos tocará a esperar al cambio de gobierno, en mayo, para ver si se cierra el casino cambiario del Banco Central o si, simplemente, cambia de administración.

Desde mayo de 2014, la Administración Solís Rivera asumió la administración del casino cambiario, con Olivier Castro como Presidente del Banco Central–un negocio creado durante la segunda Administración Arias Sánchez, cuyo creador y primer administrador fue Francisco de Paula Gutiérrez, expresidente del BCCR, y, posteriormente, fue asumido por la Administración Chinchilla Miranda, con Rodrigo Bolaños Zamora como segundo administrador.

En esta tercera administración del casino cambiario, la situación se torna todavía más turbia, debido a que, tal y como lo reportó La Nación (15/07/16), en la nota “Presidente del Banco Central inmerso en potencial conflicto de intereses“:

“La Procuraduría de la Ética advirtió de que el presidente ejecutivo del Banco Central de Costa Rica (BCCR), Olivier Castro Pérez, está inmerso en un potencial conflicto de intereses por el hecho de que su hijo, Daniel Castro Acuña, es el director jurídico de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC).

Según la Procuraduría, “ineludiblemente” Olivier Castro genera, maneja y conoce “de primera mano” información confidencial y privilegiada que incide en los 15 bancos representados en la ABC.

Se trata, por ejemplo, de decisiones sobre la fluctuación del tipo de cambio y las tasas de interés, así como la definición de las políticas monetaria y bancaria del país.

El informe de la Procuraduría, que surgió a raíz de una denuncia –no dice de quién–, explica que el lazo familiar entre Castro y su hijo genera un “riesgo relevante para el ejercicio imparcial y correcto del cargo de presidente del BCCR”, institución encargada de dictar la política macroeconómica del país.”

Adicionalmente, dos días después, La Nación (18/07/16), amplió la información de la nota anterior en la publicación “Jerarca del BCCR tardó 21 meses en informar que hijo labora en Asociación Bancaria” y añadió que:

“Pasaron 21 meses para que Olivier Castro, presidente ejecutivo del Banco Central de Costa Rica (BCCR), informara a Casa Presidencial de que su hijo, Daniel Castro, es el director jurídico de la Asociación Bancaria Costarricense (ABC).

Lo hizo el viernes pasado, después de que La Nación publicara un informe en el cual la Procuraduría de la Ética encontró que la relación familiar de ambos configura un potencial conflicto de intereses que afecta su labor al frente del ente emisor, al ser la ABC la entidad que vela por los intereses de los bancos regulados por el Central.”

13652909_10209705357491874_3656033951479602002_oEn lugar de optar por la salida decente y presentar su renuncia, Olivier Castro se negó a renunciar a la Presidencia del Banco Central de Costa Rica y, para empeorar las cosas, Helio Fallas, Vicepresidente de la República, Ministro de Hacienda y miembro de la Junta Directiva del BCCR corrió a defender lo indefendible y a “meter las manos en el fuego” por don Olivier, enviando la señal de que existe un nulo compromiso por parte del Gobierno con la transparencia, la integridad en la administración pública y la cero tolerancia a conflictos de intereses de funcionario de alto nivel.

Ante esta triste realidad, las preguntas que quedan por responder son:

  1. ¿Qué espera don Luis Guillermo Solís Rivera, Presidente de la República de Costa Rica, para echar a Olivier Castro de la Presidencia del BCCR y poner fin a ese escandaloso conflicto de intereses que perjudica la credibilidad del Central, de todo su equipo económico y de toda su Administración?

2. ¿Qué esperan la Defensoría de los Habitantes y los diputados de los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa y quienes aspiran a la Presidencia de la República en el 2018 para exigir que echen a Olivier Castro de la Presidencia del BCCR?

3. ¿Por qué no exigimos todos los costarricenses que cierren, de una vez por todas, el casino cambiario que administra el Banco Central de Costa Rica?

 

*Ver “Crímenes de política económica” (Semanario Universidad 07/12/09)

El supuesto “crucial” de las conclusiones del debate cambiario de los 10 economistas*

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“Toda teoría depende de supuestos que no son completamente ciertos. Eso es lo que la convierte en teoría. El arte de teorizar exitosamente consiste en hacer los supuestos simplificantes inevitables de manera que los resultados finales no sean muy sensitivos. Un supuesto “crucial” es uno sobre el cual las conclusiones sí dependen de manera sensitiva y es importante que los supuestos cruciales sean razonablemente realistas. Cuando los resultados de una teoría parecen fluir específicamente de un supuesto crucial especial, entonces, si el supuesto es dudoso, los resultados son sospechosos”, sentenció, con autoridad, Robert M. Solow, Premio Nobel de Economía, en el párrafo introductorio de su artículo clásico “A Contribution to the Theory of Economic Growth” [The Quarterly Journal of Economics, Vol. 70, No. 1 (Feb., 1956), pp. 65-94].

Las “Conclusiones del debate cambiario” (La Nación 13/07/16) de los 10 economistas fluyen especialmente de un supuesto crucial especial, que es dudoso–debido a que no es razonablemente realista, para el caso costarricense–y que, por lo tanto, las convierte en sospechosas: la eficiencia del mercado cambiario costarricense.

Durante los primeros meses del 2008, ya se había hecho evidente un serio problema para el funcionamiento del esquema de bandas cambiarias y, eventualmente, la flotación administrada: el mercado cambiario costarricense es ineficiente. Esto lo expliqué, oportunamente en mi artículo “¿Tiene sentido la política cambiaria?” (La Nación 23/05/08):

Ineficiencia. Nuestro mercado cambiario es ineficiente. Esta realidad, reconocida por las máximas autoridades del Banco Central de Costa Rica, se refleja en esto:

  • Un mercado pequeño.
  • No existen buenos sustitutos.
  • Existen grandes jugadores cuya intervención es capaz de mover el mercado.
  • Se dan asimetrías de información entre los jugadores.
  • Las decisiones de los agentes menos informados no son congruentes con los cambios en las condiciones del mercado.

Las variaciones abruptas en el tipo de cambio durante las primeras dos semanas del mes de mayo confirman esa ineficiencia, porque los movimientos no reflejaron un cambio ordenado en las expectativas racionales de los actores económicos. Todo lo contrario, reflejaron la incertidumbre del mercado.

En junio de 2008, era muy claro que el delicado experimento cambiario del BCCR había fracasado, tal y como lo señalé en “Un delicado experimento” (El Financiero 15/06/08):

“Jamás imaginamos que el mercado cambiario fuera ineficiente y que nos iba a dar tantos problemas”.

Ese fue el comentario de un funcionario del Banco Central de Costa Rica (BCCR) [Róger Madrigal López, Director de la División Económica del Banco Central de Costa Rica] cuando le expresé mi preocupación por la crisis que desató el experimento cambiario.

Cuando se trabajó en el diseño del esquema de bandas, simplemente, no se tomó en cuenta dentro del análisis el hecho de que el mercado cambiario costarricense es ineficiente. ¡Pequeña omisión por parte de los encargados del diseño de política cambiaria!

Lo que pasó, en términos muy sencillos, fue que el Central se corrió el riesgo de experimentar, sin contar con un análisis adecuado de lo que podría salir mal. El laboratorio en el que se puso a prueba el experimento fue nuestra economía y, por ende, las consecuencias negativas las pagaremos todos los costarricenses.

Entonces, como el mercado cambiario costarricense es “ineficiente”–en lugar de “eficiente”–como suponen los 10 economistas, las conclusiones deberían reescribirse así:

1. Régimen cambiario: No hace sentido preservar la flotación administrada–que, en realidad es “flotación arbitraria”–porque el mercado cambiario es ineficiente y el Banco Central de Costa Rica nada puede hacer para eliminar esas ineficiencias

2. Política cambiaria: No es posible crear un mercado cambiario competitivo en Costa Rica. La libre flotación de la moneda deja de ser una opción viable cuando el mercado cambiario es ineficiente, como se explicó arriba, esa flotación no sería libre. El principio de laissez faire no se puede defender ante la presencia de un mercado que no funciona y que es fácilmente manipulable. La implementación de una supuesta libre flotación solamente contribuiría a magnificar los problemas actuales.

3. Conclusión: Debido a 1. y 2., no hace sentido preservar la flotación administrada y es imposible, en Costa Rica, una libre flotación, debido a la ineficiencia del mercado cambiario. Ante esta realidad, lo más conveniente para todos los costarricense es abandonar el colón costarricense y dolarizar oficialmente la economía.

* Los 10 economistas son: Carlos Blanco, William Calvo, Jorge Corrales, Eliécer Feinzaig, Alberto Franco, Melvin Garita, Jorge Guardia, Luis Mesalles, Juan Muñoz y Norberto Zúñiga.

Fin del bimonetarismo: ¿Dolarización o desdolarización?

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Costa Rica es un país con un ‘sistema bimonetario’, donde tanto el colón como el dólar circulan libremente y cumplen con las tres funciones básicas del dinero. Ambas monedas se utilizan para fijar precios (unidad de cuenta),  para hacer transacciones o negocios (medio de cambio) y para ahorrar (depósito de valor).

Sin embargo, el ‘bimonetarismo’ no es algo positivo, ya que trae consigo altos costos de transacción (cambiar una moneda a otra), costos relacionados con el financiamiento de reservas monetarias internacionales innecesarias, distorsiones al crédito y manipulación de tasas de interés y una gran incertidumbre por la manipulación del mercado cambiario [Ver “₡350,000,000,000 razones para Dolarizar*” (09/07/13) y “Casino cambiario II” (18/02/14)].

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A pesar de todas las críticas que–con o sin razón–se le puedan hacer a la Reserva Federal (Banco Central de USA), nadie puede negar que, actualmente, el dólar es la moneda #1 en el sistema financiero internacional, la moneda más utilizada como reserva de valor y para realizar transacciones en el mundo.

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Mientras tanto, ¿en cuál posición del ranking de monedas del mundo se ubica el colón costarricense? Me atrevería a afirmar que el dinero de MONOPOLY es más apreciado y circula más que el colón fuera de nuestras fronteras. Incluso, dentro de nuestras fronteras, aproximadamente la mitad de nuestra economía ya se encuentra informalmente ‘dolarizada’.

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Muchísimos costarricenses, actualmente, prefieren al dólar. Esto hace mucho sentido, ya que, al compararlo con el colón, es una mejor unidad de cuenta (no es necesario cambiar los precios a cada rato), es un mejor medio de cambio (es más aceptada, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras) y es un mejor depósito de valor (mantiene mejor su valor en el tiempo). En otras palabras, el dólar es, simplemente, mejor dinero que el colón costarricense. [Ver “Guía para el Buen Dinero” (2011)]

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Durante los últimos años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central de Costa Rica (BCCR) han promovido desesperadamente la ‘desdolarización’ de la economía, pero no han sido capaces de explicar por qué, para el caso costarricense, es más conveniente ‘desdolarizar’ que ‘dolarizar’.

Todo apunta a que, simplemente, se trata de un capricho–que, lamentablemente, se traduce en elevados costos para los ciudadanos–de quienes se rehusan a renunciar al poder que tienen para manipular la política monetaria y cambiaria, sin rendir cuentas a nadie [Ver “Arbitrariedad monetaria y cambiaria” (Actualidad Económica marzo/2011)].

Por su parte, ex Presidentes del BCCR y banqueros expertos han explicado que el intentar ‘desdolarizar’ la economía no sería sencillo y han advertido acerca de los problemas que ocasionaría el intentarlo. Tal y como se reporta en la nota “Bajar dolarización de Costa Rica sería una labor larga y difícil” (El Financiero 02/06/13).

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Este importante debate público apenas ha dado sus primeros pasos [Ver “Economistas debaten sobre sistema cambiario que debe seguir Costa Rica” (La Nación 03/06/13)].

Ventajas de dolarización. Para Loría un país se dolariza cuando toma la decisión de abandonar su moneda local para adoptar una mejor moneda extranjera para sus transacciones. Para los costarricenses la moneda natural sería el dólar estadounidense.

Según Loría, Costa Rica tendría que dar dos pasos para ir por este camino; aprobar el proyecto de Ley de Responsabilidad Monetaria, Integración Financiera y Dolarización y sustituir los colones en circulación por dólares, utilizando un tipo de cambio de conversión (por ejemplo, ¢500 por dólar).

El economista argumenta que es posible hacerlo sin pedir dólares prestados gracias a la gran cantidad de reservas que tiene el Banco Central ($7.958 millones).

Si estos pasos se dieran, según Loría, las personas podrían acceder a créditos en dólares sin problema, cuyas tasas de interés son casi la mitad de la de colones, lo cual hace rentable muchos proyectos que hoy en día no lo son, entre otros beneficios.”

Mientras que las ventajas de la ‘dolarización’ de la economía en otros países latinoamericanos, como El Salvador, se encuentran bien documentadas, las autoridades del BCCR, al no contar con argumentos técnicos para atacarla, intentaron, sin éxito y sin evidencia, atribuirle problemas que no existen

Esto queda claro en el artículo del ex Ministro de Hacienda y de Economía de El Salvador, Manuel Hinds,  “Dolarización y el crecimiento de El Salvador (Respuesta al Presidente del Banco Central de Costa Rica)” (26/04/14).

“El Presidente del Banco Central de Costa Rica puede tener muchas razones para no querer dolarizar a su país. En mi experiencia, todos los banqueros centrales las tienen. Pero no puede citar a El Salvador como ejemplo de fracaso de la dolarización porque ésta ha sido muy exitosa al proveer estabilidad, grandes incentivos a la inversión y grandes ahorros en circunstancias difíciles—como lo ha sido en circunstancias más fáciles en Panamá y en Ecuador, los otros dos países dolarizados en América Latina.”

Al mantener el ‘bimonetarismo’ e intentar ‘desdolarizar’ se generan costos innecesarios y muy significativos, que terminamos pagando todos. ‘Dolarizar’ es, por mucho, la mejor opción.

Costa Rica está lista para dolarizarse’. ¿Qué estamos esperando? Ver “Via crucis cambiario: LA DOLARIZACIÓN [última estación]” (08/03/14).

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Asesor Presidencial de LGS para la Dolarización de Costa Rica

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21 de marzo de 2014

Sr.
Luis Guillermo Solís Rivera
Candidato Presidencial
Partido Acción Ciudadana

Estimado don Luis Guillermo:

En respuesta a su solicitud, en este vínculo, puede encontrar una versión resumida de mi currículum, para que sea considerado en el proceso de selección para el puesto de Asesor Presidencial para la Dolarización de Costa Rica.

Como explico, en detalle, en mi artículo “Via crucis cambiario: LA DOLARIZACIÓN [última estación]“:

  1. La flotación–arbitraria (como la que tenemos hoy), libre o administrada–NO es viable, debido a que el mercado cambiario costarricense es ineficiente y esa realidad no se puede corregir, sin importar cuántas distorsiones adicionales se introduzcan.
  2. Regresar a las minidevaluaciones–o, para efectos prácticos, estrechar las bandas cambiarias–sería un error y representaría un retroceso importante, ya que condenaría a los costarricenses, nuevamente, a inflaciones de dos dígitos, lo cual perjudica, especialmente, a quienes menos tienen.
  3. La dolarización oficial de la economía permite eliminar–de manera rápida y efectiva–la incertidumbre cambiaria y el manejo arbitrario de la política monetaria y cambiaria por parte de la Junta Directiva del Banco Central que, por medio de sus intervenciones y abusando de sus excesivos poderes, se ha dedicado a redistribuir, de manera injusta, el fruto del trabajo de los costarricenses, beneficiando a grupos privilegiados y castigando a la inmensa mayoría.

El propio presidente actual del Banco Central de Costa Rica, don Rodrigo Bolaños, antes de asumir su cargo, en el 2008, en el artículo “Dolarización: No es el momento“, explicó que mantenía serias dudas con respecto a que la flotación pudiera funcionar en un país como Costa Rica y, que si resultaba evidente–como ya lo es–que la flotación no funciona, pues hace sentido considerar seriamente la dolarización oficial.

ME parece que este no es el momento para dolarizar la economía. Si bien estoy totalmente de acuerdo en que hay que analizar esta opción para el largo plazo (¿dentro de unos 15 a 20 años?), desde 2006 y por los próximos años estaremos en el proceso que el Banco Central de Costa Rica, BCCR, ha señalado y es el de bandas cambiarias seguido de una flotación administrada. Mi argumento es práctico, ya el BCCR definió esa ruta y me parece que solo si se diera una catástrofe bajo las bandas/flotación administrada se debería pensar en cambiar a un esquema como la dolarización. 

LAS DUDAS Mis dudas sobre la flotación administrada provienen de nuestra alta apertura comercial y financiera con el exterior, que difícilmente permitirían que el tipo de cambio se pueda dejar flotar libremente y aún en una flotación administrada podrían existir conflictos severos entre las metas de inflación y los movimientos del tipo de cambio real. Si el tipo de cambio se vuelve muy inestable, el costo económico de la flotación podría ser muy alto en términos de volatilidad de la economía.

Los beneficios anuales de dolarizar la economía costarricense, al compararla con la alternativa de continuar con las bandas cambiarias, serían de, por lo menos, ₡350,000,000,000 (trescientos cincuenta mil millones de colones), una cifra cercana al 1.75% del PIB para el año 2012 o–para hablar en términos de la moneda #1 en el sistema financiero internacional–unos $700,000,000 (setecientos millones de dólares), utilizando un tipo de cambio de ₡500 por $1. Los detalles de la estimación pueden ser consultados en el artículo” ₡350,000,000,000 razones para Dolarizar*“.

Desde una perspectiva técnica, no existen razones para no proceder a dolarizar oficialmente la economía. Las supuestas desventajas que se le atribuyen a la dolarización se han construido sobre creencias y mitos que no guardan relación con la realidad, tal y como lo aclaró, en el 2008, don Eduardo Lizano, en su artículo “Dolarización, una vez más“:

Las principales desventajas que se señalan a la “dolarización” son las siguientes: 

– Al no poder emitir colones, el Banco Central pierde las ganancias del llamado “señoreaje”. Debe observarse, sin embargo, que el Banco Central ya ha dejado de percibir una parte importante del “señoreaje” debido a dos motivos: primero, la dolarización “de facto” ha reducido el uso de la moneda nacional (billetes) y segundo, cada día se usa menos el dinero en efectivo en vista del uso del cheque, de las tarjetas de crédito y débito y de las transferencias electrónicas. 

– El Banco Central perdería el control sobre la política monetaria. Esta pasaría a manos de la Reserva Federal de EE.UU. Sin embargo, debe señalarse que la actual autonomía o control del Banco Central, en cuanto al manejo de su política monetaria, es muy relativa. 

En efecto, ya hoy, sin “dolarización”, sucede que: 

• las decisiones de la Reserva Federal deben tomarse en cuenta en Costa Rica, tal como acontece con la fijación de las tasas de interés; 

• el grado de “dolarización” actual de la economía nacional le impide al Banco Central utilizar libremente sus instrumentos de política monetaria: Por lo anterior, los márgenes de acción del Banco Central son bastante estrechos. Y esto sin tomar en cuenta las limitaciones adicionales que sus propias pérdidas le imponen. 

– Se produciría una pérdida de “soberanía” nacional. Este argumento debe ubicarse en su debida perspectiva. La internacionalización de las relaciones económicas (financieras y comerciales) conlleva la pérdida de grados de libertad para los países. En efecto, al participar en la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y en otros organismos internacionales, el país se compromete a actuar de determinada manera, a comportarse de acuerdo con normas internacionales y no nacionales. 

– El Banco Central perdería su papel de prestamista de última instancia ya que no puede emitir dinero para ayudar a bancos comerciales en dificultades. Debe tenerse presente, sin embargo, que esos bancos pueden obtener sus propias líneas de crédito en el exterior y que el Banco Central podría destinar recursos a este propósito provenientes de sus reservas monetarias internacionales o de líneas de crédito de contingencia del Fondo Monetario Internacional. 

– La economía costarricense estaría sometida a los vaivenes de la economía de EE.UU. Pero esto, para bien o para mal, ya sucede, en la actualidad. De hecho, el grado de integración, financiera y comercial, con la economía de EE.UU., hace que hoy la economía de Costa Rica deba seguir de cerca el ciclo económico de EE.UU. Como se dice: cuando la economía de EE.UU. estornuda, la de Costa Rica sufre de resfrío o de pulmonía.

Como se ha expuesto, la dolarización oficial representa la mejor alternativa para superar, de manera definitiva, la crisis cambiaria que ha propiciado el manejo imprudente de la política monetaria y cambiaria por parte de la Junta Directiva del Banco Central y que, hoy, ahuyenta la inversión, conduce a la quiebra a micro y pequeñas empresas y destruye puestos de trabajo.

Adicionalmente, como bien indicó Steve H. Hanke, profesor de economía aplicada en la Johns Hopkins University en Baltimore y experto en la materia, en el año 2010, en “Un comentario sobre la dolarización en Costa Rica“, Costa Rica se puede dolarizar, sin pedir prestado un solo dólar estadounidense, entre 30 y 60 días después de aprobar una ley de dolarización en el congreso.

Segundo, consideremos la viabilidad de la dolarización. De acuerdo a las estadísticas del Banco Central de diciembre del 2009, Costa Rica cuenta con activos netos externos que eran aproximadamente el doble de su base monetaria restringida en colones. Por lo tanto, Costa Rica cuenta con más que suficientes reservas extranjeras para dolarizar. La dolarización se puede llevar a cabo sin pedir prestado un solo dólar estadounidense. Mi experiencia de primera mano como Consejero Estatal y asesor del Presidente de Montenegro y como asesor del Ministro de Economía y Finanzas en Ecuador —dos países que dolarizaron sus economías exitosamente en 1999 y 2000, respectivamente— me permite afirmar con seguridad que Costa Rica podría dolarizarse 30 a 60 días después de que una ley de dolarización sea aprobada.

En el 2010, presenté, ante la Oficina de Iniciativa Popular de la Asamblea Legislativa, el proyecto de “Ley de Responsabilidad Monetaria, Integración Financiera y Dolarización” (#1686), así que--si existe la voluntad política, de parte suya y del equipo económico del PAC–sería factible aprobar el proyecto de ley y dolarizarnos antes del 1ero de mayo de 2014.

Proyecto de ley Dolarización

Quedo a la espera de su pronta respuesta, para programar una entrevista y profundizar en los detalles de la colaboración, para poder iniciar, de inmediato, el urgente trabajo para dolarizar Costa Rica. ¡No hay tiempo que perder!

Sin más por el momento, se despide, atentamente,

Luis E. Loría

Via crucis cambiario: LA DOLARIZACIÓN [última estación]

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“No hay mejor manera para revelar lo absurdo de un modo de razonamiento que permitir que continúe su curso completo hasta el final.”
-Carl Menger

Después de 22 años de convivir con las minidevaluaciones, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) decidió, el 17 de octubre de 2006, adoptar un esquema de bandas cambiarias, como un primer paso para flexibilizar el sistema cambiario (ESPECIAL Personajes 2006, Francisco de Paula Gutiérrez, La Nación, diciembre de 2006).

Francisco de Paula Gutiérrez,  presidente del Banco Central, dio en este año el primer paso para flexibilizar el sistema cambiario. El 17 de octubre despidió al sistema de minidevaluaciones  implantado en 1984.

Durante los primeros meses del 2008, ya se había hecho evidente un serio problema para el funcionamiento del esquema de bandas cambiarias y, eventualmente, la flotación administrada: el mercado cambiario costarricense es ineficiente (“¿Tiene sentido la política cambiaria?”, La Nación 23/05/08).

Ineficiencia. Nuestro mercado cambiario es ineficiente. Esta realidad, reconocida por las máximas autoridades del Banco Central de Costa Rica, se refleja en esto:

  • Un mercado pequeño.
  • No existen buenos sustitutos.
  • Existen grandes jugadores cuya intervención es capaz de mover el mercado.
  • Se dan asimetrías de información entre los jugadores.
  • Las decisiones de los agentes menos informados no son congruentes con los cambios en las condiciones del mercado.

Las variaciones abruptas en el tipo de cambio durante las primeras dos semanas del mes de mayo confirman esa ineficiencia, porque los movimientos no reflejaron un cambio ordenado en las expectativas racionales de los actores económicos. Todo lo contrario, reflejaron la incertidumbre del mercado.

En junio de 2008, era muy claro que el delicado experimento cambiario del BCCR había fracasado (“Un delicado experimento”, El Financiero 15/06/08).

“Jamás imaginamos que el mercado cambiario fuera ineficiente y que nos iba a dar tantos problemas”.

Ese fue el comentario de un funcionario del Banco Central de Costa Rica (BCCR) cuando le expresé mi preocupación por la crisis que desató el experimento cambiario.

Cuando se trabajó en el diseño del esquema de bandas, simplemente, no se tomó en cuenta dentro del análisis el hecho de que el mercado cambiario costarricense es ineficiente. ¡Pequeña omisión por parte de los encargados del diseño de política cambiaria!

Lo que pasó, en términos muy sencillos, fue que el Central se corrió el riesgo de experimentar, sin contar con un análisis adecuado de lo que podría salir mal. El laboratorio en el que se puso a prueba el experimento fue nuestra economía y, por ende, las consecuencias negativas las pagaremos todos los costarricenses.

Para entonces, estaba ya muy claro que las bandas cambiarias y la flotación no tenían ningún futuro y que mantenerlas con vida solamente serviría para incrementar la incertidumbre cambiaria y perjudicar a los costarricenses. La alternativa de regresar a las minidevaluaciones no era conveniente, ya que significaría un retroceso en términos de inflación–el impuesto más injusto de todos. Ante esa realidad, el siguiente paso lógico era abandonar la moneda local y dolarizar oficialmente la economía costarricense (“Eliminar el colón”, La Nación 27/06/08).

Más grave aún, el manejo de información privilegiada por parte del BCCR, sus anuncios de ganancias por haber comprado barato y vendido caro los dólares, y su intervención constante dentro de las bandas –para proyectar una falsa sensación de estabilidad en la moneda– simplemente introdujeron mayor incertidumbre y erosionaron de manera irreparable la autoridad y credibilidad en sus políticas. El BCCR ya cavó la tumba para el colón. 

caricatura - Muerte del colon #1

La promesa del BCCR de eliminar las bandas cambiarias para dar el paso a una flotación administrada nunca se llegó a materializar. Hasta la fecha, el BCCR no ha estado dispuesto a dar ese paso porque tiene un justificado miedo a flotar. El BCCR conoce, perfectamente, que, por las características del mercado cambiario ineficiente, la flotación es inviable en nuestro país (“El BCCR tiene miedo a flotar”, El Financiero 03/08/08).

El miedo a flotar se apoderó de la junta directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR). El martes 15 de julio acordó dar marcha atrás al proceso de flexibilización del mercado cambiario. Así confirmó lo que ya era evidente: el experimento con el sistema de bandas ha fracasado y la flotación no es alternativa viable, dadas las características del mercado cambiario costarricense.

El miedo a flotar se encuentra bien justificado, pero no existe razón para tener miedo a dolarizar  (“Perdamos el miedo a dolarizar”, El Financiero 25/10/09).

Desde un punto de vista técnico, no existen argumentos válidos para no dolarizar oficialmente la economía.

Es, claramente, la mejor opción para poner fin al manejo imprudente de la política monetaria y cambiaria por parte del Central.

En lugar de reconocer, arrepentirse, confesar y enmendar su serio error–que ha pasado una factura enorme a los ciudadanos y a las empresas–el BCCR optó por persistir en su pecado original y dedicarse a administrar su casino cambiario (“Casino cambiario”, publicado, originalmente, en Semanario Universidad, edición del 20-26/01/10).

La Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) administra un “Casino cambiario” en el cual nos obliga a todos a participar. Lo más grave es que arregla las máquinas, carga los dados y golpea la mesa de la ruleta para determinar quiénes ganan y quiénes pierden. 

A finales del 2010, el BCCR ignoró las advertencias que se le hicieron con respecto a la pésima situación en que se encontraba el país para enfrentar la guerra cambiaria internacional y los efectos que podría tener una eventual intervención suya en el mercado cambiario para lanzar hacia arriba el tipo de cambio. Las intervenciones del BCCR en el mercado cambiario, que iniciaron el 29 de enero de 2014, están causando los problemas que claramente se advirtieron en aquel entonces. Es muy feo decir “se los dije”, pero, en este caso, sí se los dije (“Frente a la guerra cambiaria”, Diario Extra 23/11/10).

La intervención para elevar el tipo de cambio generará, al menos, tres problemas serios. Primero, un problema de expectativas cambiarias. Después de que el BCCR intervenga para llevar el tipo de cambio a 550 colones por dólar, la gente anticipará -correcta o incorrectamente- que lo hará nuevamente para llevarlo a 600, 650 o 700 colones por dólar. Segundo, de la mano del problema de expectativas cambiarias, se presentará un problema de expectativas inflacionarias. En respuesta al aumento esperado en el tipo de cambio, los comerciantes locales procederán a ajustar sus precios al alza y se disparará, nuevamente, la inflación. Tercero, en adición a los problemas de expectativas, está el problema de financiamiento de la intervención. No importa si esta se financia con emisión de nuevos billetes o con recursos del presupuesto nacional, el costo, a fin de cuentas, lo terminarán pagando los mismos de siempre: los que menos tienen (impuesto inflacionario) y los que ya pagan impuestos (incremento en el gasto público).

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Arbitrariedad monetaria y cambiaria. Cuando la desigualdad es causada por decisiones conscientes que adoptó un grupo poderoso y con alto grado de discrecionalidad es más difícil de aceptar—y es mucho más injusta—que cuando esta obedece a condiciones iniciales, diferencias en capacidades, malas decisiones personales o golpes del destino que nadie puede controlar (“Arbitrariedad monetaria y cambiaria”, Actualidad Económica No. 391, Vol. XXIV – 2011).

Un “cheque en blanco” para la manipulación de la política monetaria y cambiaria en Costa Rica

“Por principio el Banco Central no anuncia intervenciones, solo las ejecuta.”
—Rodrigo  Bolaños, Presidente del BCCR

En Costa Rica, no existen reglas claras que permitan a los ciudadanos conocer, con anterioridad, cómo intervendrá el Banco Central de Costa Rica (BCCR) bajo distintas circunstancias y, por lo tanto, las intervenciones—y no-intervenciones—del Central tienen la capacidad de frustrar los esfuerzos individuales. En otras palabras, la Ley Orgánica del Banco Central de Costa Rica, Ley 7558, es una ley del segundo tipo en la que, literalmente, se le otorga un “cheque en blanco” a los siete miembros de la Junta Directiva del BCCRpara que manipulen, cuando lo consideren conveniente, la política monetaria y cambiaria de Costa Rica, sin ajustarse a regla alguna establecida de antemano o se les obligue a rendir formalmente cuentas a nadie por sus acciones u omisiones.

Esta excepción al Estado de Derecho ubica a todo aquel que realiza transacciones económicas en Costa Rica en una posición extremadamente vulnerable y de gran incertidumbre.  El BCCR manipula la emisión de dinero, las tasas de interés y el tipo de cambio, entre otras cosas, que muchas veces hacen la diferencia entre ganar o perder para una empresa y entre crear o destruir un puesto de trabajo. También, como resultado de cada intervención (o no-intervención) del Central, se transfiere riqueza—porque así lo decidió su Junta Directiva—de un sector a otro de la sociedad. Esto resulta evidente al observar cómo se afecta de manera positiva o negativa, mes a mes, el poder de compra de los salarios, los ahorros y las pensiones denominadas en colones o en dólares. También, varían los alquileres y las cuotas de préstamos y los pagos establecidos en los contratos. Esto significa que algunos terminan pagando más o menos de lo que le corresponde como consecuencia de la manipulación de la política monetaria y cambiaria. En síntesis, gracias a que una (mala) ley lo faculta, las decisiones de la Junta Directiva del BCCR son responsables por una parte importante de las respuestas a las preguntas de quién obtiene qué, cuándo y cómo en la sociedad costarricense.

Cuando todo poder discrecional para la manipulación de la política monetaria y cambiaria—el “cheque en blanco”— se le ha otorgado a un grupo tan pequeño (siete miembros de la Junta Directiva del Banco Central), los esfuerzos de los distintos grupos de interés se concentran en intentar influenciar a ese grupo que ostenta el poder para que las decisiones que adopte le favorezcan. Estos esfuerzos se hacen tanto por encima como por debajo de la mesa.

En julio de 2012, el BCCR, nuevamente, se negó a actuar con transparencia y a explicar cuál sería el impacto de la emisión de eurobonos en el mercado cambiario costarricense y como ese impacto afectaría a los costarricenses (“Eurobonos: Sin transparencia”, El Financiero 15/07/12).

Los representantes del Gobierno, del Banco Central de Costa Rica (BCCR) y los diputados que promueven la aprobación –rápida y urgente– del proyecto de ley que autoriza la emisión de $4.000 millones de eurobonos no han sido transparentes con los ciudadanos con respecto a los potenciales impactos negativos en inflación y tipo de cambio.

A continuación, presentamos dos escenarios simples. El primero, uno en el cual el BCCR interviene para “defender” el tipo de cambio y compra todos los dólares relacionados con la emisión y se dispara la inflación. El segundo, otro en el cual el BCCR no interviene para “defender” el tipo de cambio –elimina las bandas cambiarias y deja “flotar” el tipo de cambio– y este cae, llevando, como consecuencia, al cierre de empresas y a la destrucción de puestos de trabajo (incrementando el desempleo).

Durante más de 7 años, la Junta Directiva del BCCR nos ha obligado a vivir bajo un sistema de flotación arbitraria con bandas cambiarias y–si se mantienen las políticas actuales del BCCR de ocultar información y no publicar reglas del juego claras para el mercado cambiario–, al eliminar las bandas cambiarias no se pasaría a una flotación administrada, simplemente continuaríamos sólo con una flotación arbitraria (“Flotación ineficiente”, El Financiero 19/10/13).

Se oculta información. La ineficiencia del mercado cambiario se vio potenciada gracias a que el BCCR se negó a revelar cuáles son las reglas de intervención en el mercado cambiario. “El Banco Central tiene el derecho de intervenir, y lo va a hacer cuando sea oportuno”, respondió Francisco de Paula Gutiérrez, entonces presidente del BCCR, cuando se le cuestionó si ocultaba datos.

Bandas con flotación arbitraria. Durante los últimos siete años, el tipo de cambio no se determinó libremente por la interacción de las fuerzas de la oferta y la demanda, se fijó (banda inferior en ¢500 por dólar) y se manipuló (entre las bandas) por el BCCR, de manera arbitraria, sin justificaciones técnicas ni rendición de cuentas. Con cada intervención en el mercado cambiario, el BCCR redistribuyó injustamente riqueza, creando, de manera artificial, ganadores y perdedores.

En febrero de 2014, en una entrevista reciente de  CRHOY.com (10/02/14), el Presidente del Banco Central confirmó que la discrecionalidad de los funcionarios del BCCR para manipular el tipo de cambio es CERO, pero que la discrecionalidad de la Junta Directiva del BCCR es ABSOLUTA. En sus propias palabras:

Esos funcionarios, cuando intervienen, intervienen en estricto apego a lo que la Junta Directiva [del Banco Central de Costa Rica] les ha dicho que hagan y ahí hay una serie de procedimientos y de criterios donde ellos básicamente lo que tienen que hacer es aplicarlos, la discrecionalidad es cero…”

Durante las últimas semanas, a partir de la intervención del BCCR del 29 de enero de 2014, la incertidumbre, con respecto a qué va a pasar en el mercado cambiario, se ha disparado, la credibilidad del BCCR, junto con su autoridad, se han esfumado. El consenso general es que al BCCR, como consecuencia de sus malas decisiones, la situación “se le salió de las manos” y no será capaz de controlarla.

Es hora de que abandonemos, de manera definitiva, la flotación arbitraria y nos movamos a la última estación del via crucis cambiario costarricense: LA DOLARIZACIÓN.

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Casino cambiario II

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Hace unos cuatro años, el Semanario Universidad publicó  mi artículo “Casino cambiario” (edición del 20-26/01/10). En aquel momento, expliqué algo que hoy es claro para todos:

La Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) administra un “Casino cambiario” en el cual nos obliga a todos a participar. Lo más grave es que arregla las máquinas, carga los dados y golpea la mesa de la ruleta para determinar quiénes ganan y quiénes pierden. 

Casino cambiario 2014

En una entrevista reciente de  CRHOY.com (10/02/14), el Presidente del Banco Central aclara que la discrecionalidad de los funcionarios del BCCR para manipular el tipo de cambio es CERO, pero que la discrecionalidad de la Junta Directiva del BCCR es ABSOLUTA. En sus propias palabras:

“Esos funcionarios, cuando intervienen, intervienen en estricto apego a lo que la Junta Directiva [del Banco Central de Costa Rica] les ha dicho que hagan y ahí hay una serie de procedimientos y de criterios donde ellos básicamente lo que tienen que hacer es aplicarlos, la discrecionalidad es cero…”

La negativa del Central a actuar con transparencia, dejar de ocultar información relevante y publicar reglas claras de intervención para el mercado cambiario va en contra de los intereses de todas las personas que realizan transacciones o actividades productivas en el país, ya que imposibilita el cálculo monetario, como también se explicó en el artículo “Casino cambiario” del 2010:

En Costa Rica, las empresas y los individuos requieren señales claras para poder tomar decisiones importantes relacionadas con inversión, ahorro y organización de la producción. En otras palabras, para poder hacer su cálculo monetario. Los juegos cambiarios y monetarios del BCCR hacen imposible ese cálculo monetario, cuya importancia resumió, en 1949, el economista austriaco Ludwig von Mises, en Human Action: “El cálculo monetario es el norte de la acción dentro de un sistema social de división del trabajo. Viene a ser la brújula que guía al hombre cuando éste se lanza a producir. Mediante el cálculo consigue distinguir, entre las múltiples producciones posibles, las remuneradoras de las que no lo son; las que seguramente serán apreciadas por el consumidor soberano de las que lo más probable es que éste rechace. Cada etapa y cada paso de la actuación productiva ha de ponderarse a la luz del cálculo monetario.” 

Ahora, nuevamente, aparece la Junta Directiva del Banco Central defendiendo a muerte su casino cambiario argumentando que “es conveniente para la protección de la población y para el interés público que no se den a conocer todos los detalles de los criterios de intervención.” (La Nación 18/02/14)

Ante estas declaraciones de quienes diseñaron y operan un esquema que permite a unos cuantos vivir mejor a costa de los otros, lo único que puedo decir es: ¡qué descaro!

Nos tocará a esperar al cambio de gobierno, en mayo, para ver si se cierra el casino cambiario del Banco Central o si, simplemente, cambia de administración.

Bolaños 2008 vs. Presidente del BCCR 2013

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En junio del 2008, don Rodrigo Bolaños, antes de asumir la presidencia del Banco Central de Costa Rica (BCCR), explicó, en el artículo “Dolarización: no es el momento“, que tenía serias dudas acerca de que la flotación administrada pueda funcionar bien en un país tan pequeño y abierto como Costa Rica. En sus palabras:

“Personalmente, tengo dudas de que la flotación administrada funcione bien en un país tan pequeño y abierto como Costa Rica, dudas que comparten muchos especialistas nacionales y extranjeros para países con esas características.”

Al respecto, en el mismo artículo, Bolaños añadió:

“Mis dudas sobre la flotación administrada provienen de nuestra alta apertura comercial y financiera con el exterior, que difícilmente permitirían que el tipo de cambio se pueda dejar flotar libremente y aún en una flotación administrada podrían existir conflictos severos entre las metas de inflación y los movimientos del tipo de cambio real. Si el tipo de cambio se vuelve muy inestable, el costo económico de la flotación podría ser muy alto en términos de volatilidad de la economía.”

Cinco años han pasado desde la publicación del artículo de don Rodrigo. Durante este tiempo, solamente se ha acumulado evidencia de que el tipo de cambio no puede flotar libremente (una flotación limpia), ya que el mercado cambiario es ineficiente.

Bolaños vs. Bolaños

 Fotos de La Nación y El Financiero.

Bajo estas condiciones, es claro que el “miedo a flotar” que se apoderó, desde el 2008, de la Junta Directiva del BCCR se encuentra bien justificado. La flotación dejó de ser una alternativa y–ante el claro fracaso del experimento de bandas cambiarias–lo que corresponde, como sugirió el mismo Presidente actual del BCCR, es dar paso a la dolarización:

“Mi argumento es práctico, ya el BCCR definió esa ruta y me parece que solo si se diera una catástrofe bajo las bandas/flotación administrada se debería pensar en cambiar a un esquema como la dolarización.

¿Qué esperamos, entonces, para dolarizar?

Presidente del Banco Central no puede ignorar el ruido de las ollas vacías

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¿Por qué le costará tanto al Presidente del Banco Central reconocer que se equivocó y eliminar el límite al crédito? No perdería nada al hacerlo, ya todos se dieron cuenta de que ‘metió la pata’, y se lo han indicado públicamente.

No existen argumentos para mantener el límite al crédito. Se ha demostrado ampliamente que se trata de una medida inconveniente. Sus resultados están a la vista: 14,000 personas perdieron su trabajo, de acuerdo con UCCAEP.

caricarura - incremento en desempleo y pobreza #4

La medida también contribuyó a elevar la incertidumbre y perjudicó el ambiente para la inversión y desarrollar actividades productivas, tal y como explicó don Jaime Molina, Presidente de UCCAEP:

“La medida generó incertidumbre en los empresarios y este es el peor enemigo que podemos tener, pues detiene decisiones de negocios”.

De hecho, todo el conjunto de medidas–léase distorsiones adicionales–que planteó el Presidente del Banco Central como parte de una cruzada inútil por ‘desdolarizar´la economía va en contra de lo que beneficia a los costarricenses. Ni límites al crédito, ni mayores encajes, ni elevar artificialmente el costo de los créditos en dólares, ni aprobar un proyecto de ‘ley espantapájaros’ para desincentivar el ingreso de capitales nos beneficia. Todos se traducirían, eventualmente, en restricciones o costos adicionales para los usuarios del crédito en dólares (si es que pueden conseguir uno).

No es aceptable que–además de persistir en el error del tope del crédito–pretenda el Presidente del Banco Central obligar a los costarricenses a escoger entre varios males (que solamente a él benefician), cuando existe la opción de rechazarlos todos. Esto lo expliqué, días atrás, en “3 breves comentarios acerca de la opinión del Presidente del Banco Central”:

“1. No es correcto que el Presidente del Banco Central y las autoridades económicas del Gobierno pretendan obligar a los costarricenses a escoger entre dos males [ver “Proyecto de ley para desincentivar el ingreso de capitales se mantiene atascado en el Congreso”] cuando existe la alternativa de rechazarlos a ambos. Las restricciones al crédito deben ser eliminadas, sin condiciones, y la Ley para desincentivar el ingreso de capitales debe ser desechada. Ninguna de las dos distorsiones beneficia a los costarricenses [ver“Grupo de Economistas en contra de desincentivar ingreso de capitales” y “Grupo de Economistas apoya reducir tasas de interés pero duda de su efectividad y formula serias advertencias”, donde se explica la necesidad de derogar los límites al crédito].”

En la misma línea, don Ronulfo Jiménez, rechazó las “amenazas” del Presidente del ente emisor de que solamente eliminará el las restricciones al crédito si le aprueban otras:

“Según Jiménez, aunque el Central niegue que el tope ha reducido los créditos,  a la fecha los bancos han recibido el jalón de orejas porque ya sobrepasaron el tope crediticio. Además, para el economista es preocupante que se “amenace” con que la medida podría mantenerse por más tiempo si no hay otros instrumentos  financieros, y en ese panorama proyectan más desempleo y mayor depresión económica.”

Al continuar manteniendo una medida que nunca se justificó–defendiendo lo indefendible–solamente contribuye a perjudicar más su credibilidad y la del BCCR, que están por los suelos. Adicionalmente, cuando, finalmente, elimine el límite al crédito–porque lo va a terminar haciendo–quedará totalmente demostrado que quien tiene la última palabra acerca de lo que se hace en materia de política monetaria y cambiaria no es el Presidente ni la Junta Directiva del Banco Central, sino la Presidencia de la República, como también, lo expliqué días atrás:

“2. Debe quedar claro frente a la opinión pública que quienes pusieron en juego la credibilidad del Banco Central–y son los únicos responsable de que esa credibilidad haya caído por los suelos–son los miembros de la Junta Directiva del BCCR, que se han dedicado, durante los últimos años, a implementar ocurrencias y decisiones desacertadas–separándose, frecuentemente, de las recomendaciones técnicas para abrazar recomendaciones políticas que emanan de Casa Presidencial–[ver, por ejemplo, slides 11, 12 y 13 de presentación “Bandas vs. Flotación: ¿qué nos conviene?” del Dr. Bernal Jiménez Chavarría].”

Como vamos a entrar en la dinámica de que el Presidente y la Junta Directiva del Banco Central acepten sus errores y los corrijan, deberíamos aprovechar para, de una vez, poner fin al fracasado experimento de bandas cambiarias y proceder a dolarizar, tal y como lo recomendé, hace casi tres años, cuando expliqué que llegaría el momento en el que no podrán ignorar, por mucho tiempo, el ruido de las ollas vacías:

“No se puede ignorar el ruido de las ollas vacías. A diferencia de las críticas de analistas y empresarios, el Gobierno y la Junta Directiva del Banco Central no podrán ignorar, en el muy corto plazo, el impacto negativo que el fracasado experimento cambiario tendrá sobre el empleo.

No existe argumento técnico que pueda exponer el presidente del Banco Central para convencer de las bondades de las bandas cambiarias a un jefe de familia que no puede dar de comer a su familia. El experimento cambiario tiene sus días contados porque nada suena más fuerte que el ruido de las ollas vacías.”

₡350,000,000,000 razones para Dolarizar*

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Los beneficios anuales de dolarizar la economía costarricense, al compararla con la alternativa de continuar con las bandas cambiarias, serían de, por lo menos, ₡350,000,000,000 (trescientos cincuenta mil millones de colones), una cifra cercana al 1.75% del PIB para el año 2012 o–para hablar en términos de la moneda #1 en el sistema financiero internacional–unos $700,000,000 (setecientos millones de dólares), utilizando un tipo de cambio de ₡500 por $1.

¿Cómo se llegó a esa cifra? Se sumaron tres rubros: Continuar leyendo

¿Cómo el BCCR manipula el tipo de cambio y redistribuye riqueza?

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En Costa Rica, el tipo de cambio no lo define la libre interacción de las fuerzas de la oferta y la demanda–‘el mercado’.

El tipo de cambio lo define (¿dónde quiero la banda cambiaria?) y lo manipula–interviniendo directamente o como agente del Sector Público No Bancario (SPNB)–el Banco Central de Costa Rica (BCCR).

En el gráfico, abajo, se muestran las transacciones diarias en el mercado mayorista (MONEX), entre el 05/07/12 y el 05/07/13 , en el que se define el tipo de cambio. En azul, aparece la suma de las transacciones de BCCR y SPNB. En rojo, aparece el resto de las transacciones en MONEX.

Negociaciones MONEX
Fuente: BCCR.

Durante el periodo que se muestra en el gráfico, en el 85.1% de las fechas en que hubo transacciones en MONEX (212 de 249), el BCCR, actuando directamente o como agente del SPNB, fue responsable por el 50% o más del monto transado. En un 59.4% de las fechas (148 de 249), BCCR+SPNB respondieron por el 75% o más del monto transado en el mercado mayorista.

El mercado cambiario costarricense es ineficiente.  El tipo de cambio no se determina por la ‘libre’ interacción de las fuerzas del mercado. Por el contrario, lo define y lo manipula el BCCR, el actor más grande y que maneja información privilegiada (no disponible para el resto de los jugadores en el mercado). Al hacerlo, crea–de manera artificial–‘ganadores’ y ‘perdedores’, redistribuyendo injustamente la riqueza entre distintos grupos (quitándole a unos para darle a otros).

Esa situación, que hoy vivimos con las ‘bandas cambiarias’, solamente se acentuaría si se llegara a dar el paso a la ‘flotación’. El colón nunca ha flotado libremente y tampoco lo hará si se eliminan las bandas.

Para ponerle fin a la manipulación del tipo de cambio y la redistribución injusta de la riqueza por parte del BCCR, debemos ‘dolarizar’. Aquí se encuentra el vínculo a la copia del texto del proyecto de “Ley de Responsabilidad Monetaria, Integración Financiera y Dolarización”, presentado, en abril de 2013, ante la Oficina de Iniciativa Popular de la Asamblea Legislativa, que permitiría hacerlo.