La Fatal Arrogancia y la Política Económica

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¿Para qué nos sirven tantas “herramientas” para manipular la economía desde el gobierno y del Banco Central? ¿Las utilizan para beneficiar a la gran mayoría de los costarricenses? ¿No estaríamos mejor sin la “ayuda” que supuestamente nos dan?

En 1998, el Premio Nobel de Economía Friedrich A. Hayek, explicó, en su libro “La Fatal Arrogancia” (el original en inglés es: “The Fatal Conceit”), que:

“La curiosa tarea de la economía es demostrar a los hombres lo poco que saben acerca de lo que imaginan que pueden diseñar.”

Ese poderoso llamado a la humildad, que pasa por reconocer que, en la mayoría de los casos, los encargados de las políticas económicas simplemente no cuentan con el conocimiento necesario para hacer ‘intervenciones inteligentes’.

Arrogancia

El problema no es teórico. Con esto no se sugiere que quienes los encargados de las políticas económicas sean malas personas (probablemente, es todo lo contrario). Lo que sí es cierto es que–independientemente de sus motivaciones, que deben ser las mejores–implementan ‘ocurrencias económicas’ que tienen una serie de ‘consecuencias no deseadas’ y nos perjudican seriamente.

Desde 1850, ya Frédéric Bastiat nos había advertido del grave peligro de las ‘consecuencias no deseadas’ de las ‘ocurrencias económicas’ en “Lo que se ve y lo que no se ve“, cuyas primeras líneas transcribo a continuación:

“En la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los prevemos.

Toda la diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever.

Pero esta diferencia es enorme, ya que casi siempre sucede que, cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias ulteriores son funestas, y vice versa. — Así, el mal economista persigue un beneficio inmediato que será seguido de un gran mal en el futuro, mientras que el verdadero economista persigue un gran bien para el futuro, aun a riesgo de un pequeño mal presente.”

La pésima idea de disparar el gasto y la deuda pública en momentos de crisis, el fracasado experimento de bandas cambiarias y la injustificada restricción al crecimiento del crédito son claros ejemplos recientes de ‘ocurrencias económicas’ con serias ‘consecuencias no deseadas’ que son fruto de la ‘fatal arrogancia’ de encargados de políticas económicas, que se consideraron capaces de realizar ‘intervenciones inteligentes’–ignorando lo poco que sabían acerca de lo que se creyeron capaces de diseñar.

Las consecuencias las estamos pagamos todos.

Sería mejor contar con reglas claras que eliminen la discrecionalidad de los encargados de la política económica–para que no puedan hacer tanto daño (aunque ese no haya sido el objetivo)–como las que se proponen en los proyectos de “Ley de Responsabilidad Fiscal” y “Ley de Responsabilidad Monetaria, Integración Financiera y Dolarización“.

Grupo de Economistas [documentos y comunicados de prensa]

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Recientemente, fui invitado a participar en el Grupo de Economistas, un interesante grupo de expertos de alto nivel que–preocupado por el rumbo que ha tomado el manejo de la economía costarricense y las consecuencias que esto tiene–se ha unido con el objetivo de analizar, fomentar el debate y definir posiciones frente a distintas alternativas de política económica.

Abajo, encontrarán los links a los documentos y comunicados de prensa recientes del Grupo de Economistas.

Los invito a estudiarlos, analizarlos y comentarlos. Por supuesto, también, a compartirlos y difundirlos ampliamente.

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