Teología económica: un consenso absoluto

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Antes de la publicación de la entrevista «¿Es usted el culpable del actual déficit fiscal?» (El Financiero 11/05/14), solamente conocía a una persona que sostenía que el equipo económico de la segunda Administración Arias Sánchez (2006 – 2010) no fue el principal responsable de la actual crisis fiscal.  Esa persona era Guillermo Zúñiga, Ministro de Hacienda en la segunda Administración Arias Sánchez–entre mayo de 2006 (cuando prometió «conseguir unos ¢420.000 millones mediante reformas al impuesto de la renta, sustitución del impuesto de ventas por uno al valor agregado y otros nuevos gravámenes») y agosto de 2009 (cuando renunció al Ministerio de Hacienda–sin cumplir con lo prometido–para poder ser escogido «a dedo» por la futura Presidenta Laura Chinchilla para convertirse en diputado del Partido Liberación Nacional).

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Esto quedo documentado, días atrás, en mi artículo «Teología económica: verdades reveladas por el tiempo» (09/03/14).

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En la entrevista, Zúñiga, con gran elocuencia, dejó muy claro que, tanto él como otros miembros del equipo económico de la Administración Arias Sánchez, pecaron gravemente de irresponsabilidad fiscal al disparar las contrataciones en el Sector Público, las remuneraciones y las transferencias, en momentos de crisis.

De esa manera, don Guillermo despejó cualquier duda que pudiera quedar con respecto a su responsabilidad por la debacle de nuestras finanzas públicas, que él heredó a la Administración Chinchilla Miranda (2010 – 2014) y que, ahora–en un estado mucho más crítico–cae sobre los hombros del equipo económico de la Administración Solís Rivera (2014 – 2018).

El exministro de Hacienda demostró una ejemplar sinceridad y valentía al aceptar públicamente su culpa por las decisiones fiscales irresponsables que, por muchos años, continuaremos pagando todos los costarricenses. Gracias a sus aclaraciones, ha emergido un consenso absoluto acerca de que la incontinencia en materia de gasto público de la Administración Arias Sánchez  contribuyó a acercarnos más al «abismo fiscal» .

A nuestra economía se la sigue llevando el diablo [ver «Teología económica» (El Financiero 28/12/08)]. Como he explicado antes, si no se toman las acciones correctivas necesarias–las mismas que propuse en el 2008–para garantizar una mayor libertad económica, corremos el riesgo de condenarnos a la pobreza y al subdesarrollo por toda la eternidad.